PUBLICADO: 24 de Agosto de 2020
  • CDMX - Polanco

El director mexicano Hari Sama habla sobre Esto no es Berlín, la película que conquistó a la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC) con su interesante y muy personal interpretación de la escena under mexicana a finales de los ochenta.

Por Andrés Olascoaga @AndresOlasToroX  | ICO Inteligencia Creativa.

Tras un largo proceso de reflexión, el director mexicano Hari Sama decidió sumergirse en sus propias experiencias juveniles dentro de la escena underground mexicana de finales de los ochenta y llevarlas a la pantalla en un experimento tan arriesgado y liberador como los performances y happenings que los artistas de la época realizaban a la vista de unos pocos.


El resultado fue Esto no es Berlín (2019), cinta protagonizada por Xabiani Ponce de León, José Antonio Toledano, Mauro Sánchez Navarro, Ximena Romo y Marina de Tavira que llega a Autocinema Coyote en el marco de la entrega 62ª entrega del Ariel, donde compite por 12 galardones incluyendo Mejor Película y Mejor Director.


Carlos (Ponce de León) y su mejor amigo, Gera (Toledano), parecen llevar la típica vida de cualquier adolescente de Lomas Verdes en el México de finales de los ochenta. Sin embargo, su tranquila y monótona rutina se ve trastornada por completo después de que Rita (Romo), la hermana de Gera, les promete llevarlos al mítico club clandestino El Azteca a cambio de un favor.


Basta solo una noche en el lugar para que ambos amigos se sumerjan en la desenfrenada escena under mexicana, un espacio abierto a la experimentación y exploración sexual y artística, aunque esto también atraiga múltiples abusos que podrían atrapar a los jóvenes suburbanos y cambiar su vida para siempre.

En entrevista con Autocinema Coyote, el director habla sobre la idea detrás de su película, el proceso mental y espiritual que implicó retomar momentos de su vida para plasmarlos en la pantalla y cómo, en palabras de uno de sus maestros, se “acercó al abismo” sin dejarse caer.

 

Autocinema Coyote (AC): ¿De dónde surge esta idea de retratar la escena underground mexicana de los ochenta?


Hari Sama (HS): Pasa es que yo la viví. Básicamente la película es una reflexión de mi propia vida. Después de que hice El sueño del Lu me di cuenta de que el cine que me va mejor es donde yo me arriesgo un poco también como artista, dónde pongo suficiente de mí como para que me vulneren. Me llevó muchos años pensar esta película sobre el proceso de maduración de un adolescente que crece en el área de Lomas Verdes y que llega a otra zona donde se encuentra con todo un mundo clandestino de arte y de jóvenes que están en una especie de efervescencia creativa, loca y necesaria; eso sucedió y se conoce poco.

 

AC: Hablando sobre mostrarte vulnerable, en la película el momento histórico y esta especie de coming of age está capturado desde tu propia experiencia de vida: crecer en la periferia, involucrarse en la escena under de la Ciudad de México. ¿Qué tan difícil fue hacer esto para ti?


HS: La verdad es que hay una relación con el gozo. Es muy curioso cómo en mí, al menos, descubrir ese grupo, arrojarme a estos nuevos paisajes artísticos y de fiesta significaron muchísimo en ese momento, pero también casi me matan. No me lo han preguntado y no lo he dicho tanto, pero yo en los noventa acabé en un rehab; estuve en rehabilitación por abuso de sustancias. Era muy joven, pero ya ‘me estaba cargando’. De alguna manera yo me dividí en dos en la película: una parte es Gera y la otra –un poco más– Carlos. Pero Gera también muestra asuntos muy frágiles de lo que me tocó vivir y que son extremadamente dolorosos. Una confusión propia de la edad, pero exacerbada por el consumo de sustancias. Alguna vez oí decir a un maestro creador que acercarte al abismo te permite ver las luces nuevas… pero no tanto como para dejarte caer. Y hemos visto a muchos dejarse seducir por el abismo a tal grado que caen y (para mí) estuvo cerca. Los ochenta fueron muy fuertes en ese sentido; la fascinación por todo eso casi hace que me quede en el camino. Muchos de los que conocí en ese tiempo o se quedaron o no han tenido un proceso personal luminoso. Me interesaba también ver lo que estaba sucediendo en lo subterráneo, donde se estaban formando nuevas familias con chicos que venían de distintos tipos de familias, pero todas rotas. En ese sentido, hay una relación interesante entre el gozo, la tristeza, el dolor y el júbilo de la música y el arte; este diálogo compasivo en la propia mirada que tiene la película.

 

AC: ¿Fue complicado regresar a estos momentos y, más que retomarlos, interpretarlos?


HS: Sí. Yo pensé que no lo sería, que al ser asuntos que he hablado mucho en
terapia ya los tenía resueltos. Pero una cosa es tenerlo intelectualmente procesado y otra cosa es cuando tú tridimensionalizas el asunto… al ponerlo así, algo pasa con el inconsciente y como que “rompes la Matrix”. De repente lo estás reviviendo.


Entré en un estado de vulnerabilidad muy fuerte que no me imaginé que iba a tener a lo largo de toda la película. Luché con aspectos de mí mismo que era importante sacarlos a la vista y empezar a dialogar con eso de nuevo, pero desde un lugar distinto. Muchas cosas acabaron por reacomodarse en el proceso. No solo para mí; también les pasó a muchos de los actores. Fue un proceso fuerte,
pero muy bello.

 

AC: Volviendo a tu experiencia en la escena under… ¿qué lugares o personajes creíste indispensable capturar en Esto no es Berlín?

 
HS:El asunto con la escena under es que apenas empieza a documentarse, porque muchos artistas se volvieron famosos poquito después, pero realmente se conoce muy poquito sobre quienes estaban, qué pasaba, quienes y dónde exponían. Todo era muy clandestino y sucedía en casas de personas. Uno de los lugares donde fuimos a filmar fue La Quiñonera, que es la casa de dos
gemelos que sus papás les dejaron mientras se fueron a vivir a Morelos y en la que pasó de todo: fiestas míticas de las que todos los que vivimos en esa época nos acordamos. Ahí empezaba a tocar Las insólitas imágenes de Aurora, que era
Caifanes antes de ser Caifanes; Santa Sabina, todas estas bandas de electrónica rarísimas que se quedaron un poco ocultas, en el underground. Yo tenía muchas ganas de contar este cuento, porque siento que hay un paralelismo con la época.

 

AC: ¿Cuál es tu escena favorita?


HS: Tengo varias. Hay tres que no sé por qué me vinieron ahorita a la mente, pero seguramente hay otras que también me gustan un montón. Una es la escena en la que la madre de Carlos (Marina de Tavira) está lavando los platos y se permite por primera vez actuar con ira, el primer paso de un proceso de duelo. Habría que ver si solamente es por la muerte su hermano o tiene que
ver con su propia depresión; con haber estado inerte en una depresión profunda de la cual por primera vez se permite experimentar el dolor y la ira indispensable para poder salir de una depresión que lleva años, de un proceso que no vemos en la película y que seguramente tiene que ver con la ausencia del padre. Me gusta mucho ese momento en el que ella se permite actuar con ira por primera vez. Luego hay unas que son más bien visuales. Una es el montaje con música de Tones on Tail, que es una de mis bandas favoritas y que se derivó de Bauhaus pero más hacía la electrónica. Ese montaje donde ya están los últimos preparativos del erformance final, entonces está Carlos fabricando un robot y vemos el performance en el que todos están desnudos por la calle con estas pintas en el cuerpo y Carlos compra drogas en la farmacia con toda esa música encima.
Quizá la última es la llegada al performance del coche, con esta tensión de entrar a ese submundo con un performance donde se habla de la cuestión de ser o no ser como tus padres, pero es muy visual. Me parece muy potente esa escena, me gusta mucho cómo la filmamos y cómo quedó.

 

AC: Después de todo este viaje que has tenido con Esto no es Berlín, desde su presentación en festivales hasta sus nominaciones al Ariel ¿qué te deja?

 

HS: La verdad, no siento que haya terminado el viaje. Sé que eso vendrá en algún punto y a lo mejor ya no tarde. Puede que termine cuando ya esté la nueva película. Me ha dejado muchísimas cosas desde que este viaje empezó en Sundance hace
año y medio. Empecé a tener juntas con gente que jamás pensé que me llamaría para decirme “oye, quiero saber qué quieres hacer”, gente de Hollywood. Ahí entendí que me tenía que mudar de país, luego vino Tribeca, Londres y más cosas
y siguen pasando, ahora el abrazo de la gente de México y el Ariel es un alucine. Siento que el ser humano que empezó la película y el que la terminó es otro. Siento que ha habido una recapitulación de mis propios demonios que me han
colocado en un lugar muy interesante, muy luminoso y positivo para mi como persona. Siento que haberme mudado con mi familia a Los Ángeles tiene algo muy lindo, de un cambio. Es un reboot de vida interesante.

Peter Coyote escribe sus textos con la ayuda de ICO- Inteligencia Creativa.