PUBLICADO: 2 de Septiembre de 2020
  • CDMX - Polanco

Recrear un lugar mítico: ‘Esto no es Berlín’ y el regreso a la vida del “Aztec”

Por Andrés Olascoaga @AndresOlasToroX  | ICO Inteligencia Creativa.

Un pasillo lleno con luces de neón rosas y moradas une a la sosegada Ciudad de México de finales de los años ochenta con un mundo subterráneo lleno de arte, libertad –y libertinaje–, música estridente y excesos. En el camino se encuentran “Carlos” (Xabiani Ponce de León) y “Gera” (José Antonio Toledano), dos jóvenes suburbanos que finalmente han ganado su ingreso al “Aztec”, un mítico club nocturno del underground capitalino.

Para los protagonistas de la película mexicana Esto no es Berlín (2019), el club abrirá sus ojos y los introducirá en un arriesgado despertad sexual, artístico y personal.

 

“Este bar es de todas las cosas”

Escrita y dirigida por Hari Sama (quien se inspiró en sus propias vivencias juveniles), Esto no es Berlín cuenta la historia de dos amigos que, tras hacerle un favor a Rita (Ximena Romo), la hermana mayor de uno de ellos, se sumergen en la desenfrenada escena under mexicana, un espacio abierto a la experimentación y exploración sexual y artística.

Uno de los lugares donde los dos adolescentes comienzan su descubrimiento es el “Aztec”, un bar improvisado en una casa del Centro de la Ciudad de México. Para Diana Quiroz, directora de arte de la cinta, recrear el popular centro nocturno fue uno de los más grandes retos de la película.

“Cuando empezamos a idear el ‘Aztec’, nuestra inspiración era el bar Nueve en esa época, finales de los ochenta y principios de los noventa. Pero, ya cuando tuvimos una investigación de lo que realmente sucedía en ese momento, el ‘Aztec’ resultó ser una mezcla entre el ‘Tutti Frutti’ (otro bar popular en ese momento) y los bares de Nueva York y de Europa”, comenta en entrevista con Autocinema Coyote.

Durante el proceso de investigación, que comenzó antes de la producción de la Esto no es Berlín, Quiroz no solo basó sus diseños en experiencias personales vividas durante la época. También realizó largas sesiones de entrevistas con algunos de los artistas que se presentaron en lugares como el “Aztec”.

“Este fue un proyecto que se desmenuzó por mucho tiempo”, señala la también diseñadora de arte de Y tu mamá también (2001) y Temporada de patos (2004). “Por ejemplo, yo soy muy amiga de Ariane Pellicer, la actriz que [por su papel en el popular programa de tv Cachún Cachún Ra Ra] “adoptaron” dentro de ese mundo y, por tanto, conoció muy bien a los artistas que estuvieron en lugares como el ‘Aztec’ o la ‘Quiñonera’. Tuvimos conversaciones eternas”.

 

Recreando el “Aztec”

Al igual que en los departamentos de vestuario o arte, Diana Quiroz intentó ser lo más fiel a la época que retrata la cinta y a los recuerdos que tenían distintos personajes que habitaron espacios similares al “Aztec”, como el mismo Hari Sama.

“Hay muchos detalles en el ‘Aztec’ que tuve que considerar. Por ejemplo, los neones, pues los artistas con distorsiones, o el refrigerador con televisiones adentro; todo eso implicaba la búsqueda [de los artistas] en relación con las luces. Había cositas que yo empecé a poner dentro del espacio para regresar a la época, pero también para tener la simbología de lo que la gente buscaba en esos entornos”, cuenta.

“El techo lo forramos de aluminio, un poco para hacer un homenaje a (Andy) Warhol. Teníamos un letrero de ‘Copias’ donde fundimos la ‘i’ para que dijera ‘Copas’ con el propósito de mostrarlo como el lugar donde iban a echar el trago. También añadimos una muñeca con un bowl donde ponían las propinas para el bartender. Cada cosita que teníamos en el ‘Aztec’ tiene un significado y son importantes para la historia o para los mismos artistas”.

Quiroz, nominada al Ariel por su trabajo en Esto no es Berlín, afirma que lo logrado por la cinta va más allá de cualquier experimento cinematográfico en el que se haya visto involucrada, ya sea por la familiaridad que se formó en el equipo de producción en busca de un fin común o por el resultado de la cinta que logró transportar a todos sus responsables al mundo under de la década de los ochenta.

“Yo me sentía de 16 años otra vez”, menciona. “Te hace sentir que estás viviendo de nueva esos tiempos. Mi premio más grande ha sido con la gente que vivió esa época y que me ha escrito que, al ver la película, regresó en el tiempo”.

 

Peter Coyote escribe sus textos con la ayuda de ICO- Inteligencia Creativa.